viernes, junio 12, 2009

Un blog sobre recuperación de información en la web

Excelente blog de Francisco Javier Martínez Méndez, profesor en Tecnologías de la Información de la Universidad de Murcia, España.:


"He liberado mi libro sobre Recuperación de Información.
Tras diversos avatares he decidido liberar todos mis derechos sobre este libro que elaboré hacia el año 2004 y hacerla pública a través de esta web. El objeto de la misma, en una primera instancia, no es otro que presentar parte del material que recopilé para la realización de mi tesis doctoral en un formato más dinámico e interactivo que habilitar el acceso al documento en PDF. "
Seguir leyendo en: http://irsweb.blogspot.com/



jueves, mayo 28, 2009

Eco y los impresos


Sus obras tienen repercusión en todo el mundo. Los conceptos que expone Umberto Eco son leídos y escuchados con atención porque abren el camino a la reflexión y, muchas veces, también a la polémica. Días pasados, estuvo en Madrid, donde se refirió al impacto que tienen en la sociedad los cambios en materia de difusión de las ideas y afirmó que la palabra impresa tiene y tendrá gran vigor. Si bien reconoció la transformación que plantean la computación y los medios digitales, el intelectual expresó los textos impresos, como es el caso de los libros, perduran más de mil años, como el público puede observar y admirar en las mayores bibliotecas que hay alrededor del planeta.

Umberto Eco acaba de publicar un libro en Italia con el significativo título de No esperéis libraros de los libros y el martes, en Madrid, defendió la pervivencia del papel frente a los soportes digitales. Pero el reputado semiólogo y popular novelista no apoya el invento de Gutenberg por razones nostálgicas, sino por variados argumentos que desgrana en el citado libro que ha surgido como fruto de un debate con el cineasta francés Jean Claude Carriere. "Desde luego", comentó Eco en una multitudinaria conferencia de prensa, "si tuviera que dejar un mensaje de futuro para la Humanidad, lo haría en un libro en papel y no en un disquete electrónico. Esta mañana (el martes para el lector) he visitado la Biblioteca Nacional y he visto libros que tienen 500 años de antigüedad y si considero los manuscritos he visto algunos ejemplares escritos hace 1.000 años. Ahora bien, no sabemos cuánto puede durar un disquete de ordenador. Los llamados discos flexibles han muerto antes de agotar su capacidad de almacenamiento de datos. En cualquier caso, hemos escrito un libro de 350 páginas para argumentar la larga vida que aguarda al libro en papel".

Seguir leyendo en:

http://www.elpais.com.uy/090523/lault-418838/mirador/Umberto-Eco-proclama-vigor-del-libro-impreso

sábado, mayo 02, 2009

Los libros no mueren


Escribe: Umberto Eco*

Recientemente, durante el día de cierre de un taller para libreros realizado en Venecia, Italia, uno de los temas en la agenda del día fue la transitoriedad de los métodos de almacenamiento de datos utilizados por los medios de comunicación. Las formas usadas por los medios para almacenar información han incluido pastillas de arcilla, papiro, pergamino y, obviamente, el libro impreso. Muchos ejemplares de este último dispositivo han logrado sobrevivir durante los últimos 500 años, pero sólo aquellos fabricados con papel de trapo.

Hacia la mitad del siglo XIX, los industriales viraron al papel fabricado con pulpa de madera, aunque parece que este tipo de papel tiene una vida máxima estimada de 70 años. (Recoja periódicos o libros impresos en el período de posguerra y vea cómo se van despedazando cuando usted intenta hojearlos). Desde allí, la gente ha estado dictando conferencias y estudiando varios medios y métodos para salvar los libros en nuestras bibliotecas. Una de las ideas más populares (pero casi imposible de aplicar a todos los libros existentes) es escanear todas las páginas y transferirlas a un medio electrónico.

Pero esto conduce a otro problema. Todos los medios para transferir y conservar información, desde fotografías hasta cintas de video, desde discos hasta tarjetas de memoria, son más perecederos que los mismos libros.

Conocíamos cuánto duraría un disco de vinilo antes de que comezara a fallar, pero aún no hemos tenido tiempo para verificar la vida útil del CD-ROM que, aunque fue una vez aclamado como la invención que salvaría al libro, pronto se marchó del mercado porque se hizo posible tener acceso a la misma información en línea a un costo inferior. Tampoco conocemos cuánto durarán las películas en DVD: sólo sabemos que a veces los DVD se comportan de manera irregular si los utilizamos demasiado a menudo. Y nunca tuvimos tiempo para calcular cuánto durarían los disquetes: rápidamente fueron sustituidos por los discos rígidos, luego por los discos regrabables y finalmente por unidades de disco USB.

La desaparición de estos medios de comunicación fue acompañada por la supresión de las computadoras capaces de leerlos. Muy pocos tienen aún computadoras con ranuras para disquetes. Por lo que si no tomamos todos los datos registrados sobre el viejo medio y los transferimos al nuevo cada dos o tres años, por lo visto indefinidamente los habremos perdido para siempre, a no ser que tengamos una docena de ordenadores anticuados, uno para cada medio extinto.

Los medios mecánicos, eléctricos o electrónicos se deterioran rápidamente o bien aún no sabemos cuánto tiempo durarán. Con algunos tipos de almacenamiento de datos, probablemente no lo sabremos nunca. Un golpe de energía, un rayo en el jardín o cualquier otro acontecimiento aún más trivial es suficiente para desimantar y borrar casi cualquier forma electrónica de almacenamiento de datos. Si un apagón durara bastante tiempo, ya no sería capaz de tener acceso a cualquiera de mis archivos. Si mi ordenador o mi libro electrónico caen del quinto piso, perderé todos los datos, si se cae un libro, en el peor de los casos se despedazará.

Los medios de almacenamiento modernos parecen haber sido creados más para la difusión de información que para su conservación. El libro ha sido durante mucho tiempo el instrumento principal de difusión, pero también de conservación.

Tal vez en algunos siglos el único modo de recuperar la información del pasado, una vez que todos los medios de comunicación de almacenamientos electrónicos se hayan desimantado, será leyendo un fino incunable. Y de nuestros libros modernos, los sobrevivientes exclusivos serán aquellos impresos sobre papel de alta calidad, o aquellos hechos sobre papel sin ácido que muchos editores ahora ofrecen.

No soy un conservador reaccionario. Tengo copias de las más importantes obras maestras de la literatura universal y la historia completa de la filosofía en un disco duro portátil de 250 gigabytes: es mucho más práctico usarlo para encontrar una cita de la Suma teológica de Dante que lo que resultaría levantar y hojear un enorme volumen de una alta estantería. Pero me alegro de que aquellos libros estén todavía allí, como garantía para cuando los instrumentos electrónicos nos fallen.

Copyright Umberto Eco/L’Espresso. Distributed by The New York Times Syndicate
 

jueves, abril 30, 2009

La lectura en tiempos del Zapping



Por Néstor García Canclini


Desde fines del siglo pasado una rutina de la vida académica es quejarse de los estudiantes que no se relacionan físicamente con los libros sino con fotocopias de capítulos aislados. Ese modo de reproducción suele omitir el índice y la portada, que darían una idea del conjunto, y a veces hasta se esfuma el nombre del autor. En los últimos años la desconfianza hacia las fotocopias, hacia ese grado xerox de la lectura, como lo llamó Carlos Monsiváis, va agregando otra sospecha: ¿los alumnos leyeron los libros que mencionan o pescaron citas en Wikipedia, o directamente imprimieron una monografía que flotaba en la web y quizá hasta la entregaron al profesor sin leerla?

Como antropólogos no podemos simplemente escandalizarnos. Nuestra profesión exige describir los hechos – aunque nos gusten tan poco como la antropofagia o la jibarización de cabezas – y tratar de entender por qué suceden, qué sentido revelan cómo parte de una sociedad. Tuve oportunidad de dirigir una tesis de doctorado dedicada a los hábitos de los alumnos de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la cual su autor, Adrián de Garay, cuenta que al visitar las casas de los estudiantes comprobó que sus bibliotecas se componían a menudo sólo de fotocopias engargoladas. En dicho estudio advertimos que ese modo fragmentario de acceder al conocimiento y organizarlo tiene relación con el nivel económico y con el dato de que muchos estudiantes universitarios son en México el primer miembro de la familia que trasciende la educación primaria.

Pero antes de hablar de los procedimientos que utilizan los estudiantes para informarse y aprobar las materias, quiero traer un testimonio en el que podemos comenzar a ver que las maneras de leer de los profesores no son tan distintas de las habituales en los alumnos.

Comienzo con un relato de mis no lecturas antropológicas para acreditar mi autoridad sobre el tema. Cuando llegué a México, en agosto de 1976, mi formación había sido en filosofía. Fui profesor de antropología filosófica en Argentina: en esos cursos había enseñado obras de Lévi-Strauss, Edmund Leach y otros antropólogos que sí había leído pero atendiendo más a su interés teórico. La mayor parte de la bibliografía antropológica canónica era para mí un conjunto de referencias en textos de esos antropólogos y de filósofos como Maurice Merleau Ponty y Paul Ricoeur. Mi primer trabajo en México fue en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, dónde gané una plaza para dictar cursos de clases sociales y metodología de las ciencias sociales. Para el curso de metodología, me servía lo que había aprendido al estudiar epistemología, pero ya mi formación en clases sociales era peculiar porque, salvo en dos cursos de sociología, el resto de mis profesores argentinos, bastante conservadores, no enseñaban marxismo. Leí a Marx, a Gramsci y Althusser junto con mis compañeros de generación y los comentábamos entre nosotros.

Sabemos por investigaciones antropológicas, cómo las de Howard. S. Becker sobre los hábitos de los estudiantes, que éstos aprenden tanto de sus profesores como de sus compañeros. Al llegar a México y comenzar a hacer trabajo de campo en Michoacán con los alumnos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, advertí en qué grado los profesores también aprendemos de los alumnos: no sólo porque ellos tenían más información que yo sobre la revolución, los cristeros y las artesanías y fiestas que nunca había visto, sino porque ya habían leído a autores como Manuel Gamio, Gonzalo Aguirre Beltrán y Guillermo Bonfil. Mientras yo daba clases sobre esos antropólogos al día siguiente de leerlos y me basaba en fuentes secundarias para hablar de obras que todavía no conocía, ellos las habían consultado para otras materias. Este aprendizaje recíproco ha continuado hasta el seminario de posgrado sobre Estética y antropología, que dicté en la UAM en el verano de 2008, al que los alumnos trajeron textos y videos hallados al navegar por Internet y me revelaron contrastes entre James Clifford y Nathalie Heinich, entre la posproducción en el arte y la antropología posmoderna.

Uno puede sentir culpa, o al menos inseguridad, al no haber leído libros que un profesor debe conocer. También es posible ir un poco más allá y preguntarse si el privilegio de la cultura escrita puede sostenerse después de que la industrialización de las imágenes y la comunicación mediática modificaron el lugar de los libros como vía única para la circulación del saber.

Puede ocurrir que nos atrevamos a desafiar los hábitos xerox o los hábitos scanner de los alumnos y anunciemos al comienzo del curso que hay dos libros centrales en la materia, que harían bien en comprar, y hasta incluyamos un libro propio con la secreta esperanza de que la autoridad del profesor incite a tenerlo. Cuando luego comprobamos que apenas un 10% trae el libro a clase y el resto maneja fotocopias, quedan tres posibilidades: a) dudar de nuestra autoridad como profesores; b) prestar a los alumnos el propio libro y los de Clifford Geertz, Arjun Appadurai y Claudio Lomnitz, o darles uno mismo las copias, con lo cual nos autopirateamos y pirateamos a los autores que más apreciamos; c) repensar si el descalificador nombre de piratería es apropiado para designar nuevos procesos de reproducción y circulación del conocimiento.

Los empresarios de las editoriales, como las grandes productoras de discos y películas se enfurecen con esta aplicación de las nuevas tecnologías y propugnan, casi siempre inútilmente, que se repriman los usos que ellos juzgan ilegales. Sólo unos pocos editores tratan de repensar su oficio considerando las recientes técnicas reproductivas y su vasta socialización, las mutaciones radicales en los hábitos de comunicación y apropiación de la cultura. La cuestión de la llamada piratería no se limita a si se respeta la propiedad intelectual. Aquí quiero concentrarme en cómo los nuevos modos de acceder a los libros y las imágenes condicionan nuestras tareas como profesores y como alumnos.

Una historiografía menos ingenua sobre la lectura, como la practicada por Roger Chartier, revela que la articulación entre los distintos modos de leer, y otras formas orales y visuales de llegar al saber, tienen lejanos antecedentes, menos pulcros que los seleccionados por esa aristocracia letrada que colocó en los hábitos de lectura de libros, de libros completos, la clave de la educación legítima.
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Seguir leyendo en: http://www.revistaalambre.com/Articulos/ArticuloMuestra.asp?Id=25

jueves, abril 23, 2009

ISBN - Por Adrián Paenza

Tome un libro cualquiera. Fíjese en la parte de atrás (o algunas veces en alguna de las primeras páginas pares). Usted va a encontrar un número como el siguiente:

1-84046-637-5

Este número o código se llama ISBN, o sea (International Standard Book Number), es decir, un número que internacionalmente se asocia con el libro).

Esta sucesión de diez dígitos identifica al libro. Bárbaro. Pero ¿qué más? Uno podría decir que el primer dígito (o los primeros) identifica(n) el país de origen, que los siguientes indican la editorial, el título, la edición, etc. Y esto estaría bien. Pero aún no sería suficiente para merecer un comentario aparte. Lo notable es que el ISBN tiene propiedades escondidas que lo hacen muy interesante. Más aún: no todos los números de 10 cifras pueden ser códigos ISBN válidos.

Olvídese de los guiones que separan los dígitos. Hagamos de cuenta que el número es:

1 8 4 0 4 6 6 3 7 5

Uno los pone en una columna y agrega, en otra columna, los números del 1 al 10. Y los aparea (o sea, los va poniendo en el mismo renglón), y se obtiene entonces, la siguiente situación:

1 1

8 2

4 3

0 4

4 5

6 6

6 7

3 8

7 9

5 10

Una vez hecho esto, multiplique los números de cada renglón. Se tiene los siguientes resultados que ponemos en una tercera columna.

1 x 1 = 1

8 x 2 = 16

4 x 3 = 12

0 x 4 = 0

4 x 5 = 20

6 x 6 = 36

6 x 7 = 42

3 x 8 = 24

7 x 9 = 63

5 x 10 = 50

Luego, sume los valores de la última columna. En este caso, se obtiene el número 264.

Ahora, una breve pausa. Acá aparece la clave de lo que estamos haciendo. ¡Este número tiene que ser siempre un múltiplo de 11!

Seguir leyendo en:

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-113285-2008-10-14.html

El 'open access' y las publicaciones científicas

"La edición científica tradicional frena 

la difusión del saber"

Por Ángel Díaz

Fuente: Campus (El Mundo-España)

22 de Abril de 2009, número 548

 

Una compañía telefónica acaba de usar para anunciarse la imagen de un Alexander Graham Bell, admirado y aturdido, contemplando los avances de la era digital. Pero, por algún motivo, el reclamo publicitario no funcionaría igual si el 'resucitado' inventor se interesara por la edición científica, cuyos fundamentos también contribuyó a asentar al convertirse, en 1880, en uno de los impulsores de la revista 'Science'. No encontraría hoy Bell ningún artilugio parecido a los que él manejaba, pero sí podría dirigirse al quiosco y pagar unas monedas por un ejemplar en papel de su antigua revista. Como en la era victoriana.

Sin embargo, el sistema tradicional de difusión de la ciencia podría tener los días contados. Cada vez son más los investigadores que cuestionan el viejo modelo y va a ser muy difícil convencer a los estudiantes de hoy, la llamada 'generación Google', de que no todo está en 'Wikipedia' y el saber también cuesta dinero. El 'open access' (o, en español, libre acceso), aún menos desarrollado de lo que debería según los expertos, está ganando adeptos porque permite a los autores una mayor difusión de las investigaciones académicas, lo cual a su vez repercute en un mayor prestigio para ellos y un mayor aprovechamiento social de sus descubrimientos e ideas.

Seguir leyendo en: http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2009/548/1240351203.html

miércoles, abril 22, 2009

Terceras Jornadas Nacionales de Bibliotecología

Se realizarán en Jujuy las Terceras Jornadas Nacionales de Bibliotecología

Las Terceras Jornadas Nacionales de Bibliotecología,  a realizarse en Jujuy los días 14, 15 y 16 de mayo próximo,  contarán con la participación de prestigiosos disertantes que abordarán temas de suma actualidad como el Derecho a la Información, la Gestión en las Unidades de Información, la Regulación Jurídica del Patrimonio Documental y Bibliográfico, entre otro.

Las Jornadas, organizadas por el Superior Tribunal de Justicia y la Dirección de Bibliotecas del Poder Judicial de Jujuy, se desarrollarán en el Teatro Mitre, destinadas a bibliotecólogos, archivólogos y museólogos; personal de bibliotecas, archivos y museos, estudiantes de las tres especialidades; profesionales , empleados y estudiantes vinculados con la Ciencias de la Información y de la Documentación; docentes y estudiantes de otras áreas del conocimiento afines con la especialidad.

Entre las actividades programadas, se destacan las Conferencias que estarán a cargo del Dr. Héctor Eduardo Tizón , Juez Decano del Superior Tribunal de Justicia de Jujuy sobre “ El derecho a la información y el deber de informar ” ; del Dr.  Atilio Bustos González, Director del Sistema de Bibliotecas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Presidente de la Red de Archivos y Museos Patrimoniales de Chile, sobre los temas “ Gestión de Unidades de Información en la sociedad del conocimiento ” y la “ Importancia y necesidad de formulación de proyectos de Unidades de Información para postular a fondos internacionales ” ; de la Dra. Branka Tanodi, Directora del Archivo General e Histórico de la Universidad Nacional de Córdoba sobre “ Regulación jurídica del patrimonio Documental y Bibliográfico ”; la Lic. Cecilia Astudillo Rojas, Secretaria de la Red de Archivos y Museos Patrimoniales de Chile sobre “ Gestión moderna de Archivos : de la morgue de documentos a la Web ” y  de la Lic. Carol Edith Vitagliano , Profesora de Museología en la carrera de Curaduría de arte del Philadelphia College for Advance  sobre “ Los retos actuales y la gestión de Museos ”.

Seguir leyendo en: http://www.lahoradejujuy.com.ar/

jueves, noviembre 20, 2008

Directorio de Blogs latinoamericanos sobre bibliotecología y documentación

En la siguiente dirección:
 

hay una excelente recopilación que conforma el Directorio de blogs latinoamericanos sobre bibliotecología y documentación, realizado por Eddy Díaz Souza y fechado en octubre del 2008, en Miami.

Mi sencillísimo y humilde blog está citado y eso me ha puesto muy contenta pero por respeto a los licenciados y demás profesionales con título de grado y para arriba en nuestra área, debo aclarar que no soy licenciada, tal como dice ahí, sino simplemente una estudiante de la carrera. Mi título es terciario: bibliotecaria profesional, bibliotecóloga, como quede más lindo, pero a la carrera de grado recién la estoy transitando.
Hecha la aclaración, recomiendo este Directorio y agradezco la inclusión de este blog en el mismo.     

miércoles, noviembre 05, 2008

SIMPOSIO

Preservación y conservación de la memoria y las ideas latinoamericanas en las bibliotecas y museos de América Latina


Simposio

Jueves 20 de noviembre de 2008

Aula Magna de la Universidad Nacional del Sur, Av. Colón 80, Bahía Blanca

La Biblioteca de Humanidades “Arturo Marasso” y la Biblioteca Popular

Bernardino Rivadavia los invitan al Simposio “Preservación y conservación

de la memoria y las ideas latinoamericanas en las bibliotecas y museos

de América Latina”.

En el marco del XI Congreso Solar, abrimos un espacio para reflexionar sobre el

rol que estas instituciones desempeñan como conservadoras y difusoras de la

memoria y el pensamiento de nuestraAmérica en vísperas del Bicentenario de la

emancipación de nuestros países. Desde esta perspectiva, las mismas son

consideradas “instrumentos de la memoria”, en las cuales desde sus orígenes se

han desarrollado conocimientos, técnicas y procedimientos propios con el fin de

cumplir con su misión. En la actualidad, se enfrentan al importante desafío que

representa reunir, seleccionar, preservar y difundir sus colecciones y documentos

por medio de las nuevas tecnologías para hacerlos más accesibles y asegurar su

permanencia en el tiempo.

Las ponencias que se presentarán son un reflejo de esta problemática,

de las soluciones técnicas que algunas de ellas han encontrado para resolverlas

y, también, de qué manera los investigadores utilizan estos documentos para

generar nuevos conocimientos y rescatar valores e ideas para entender

el pasado y mirar hacia el futuro.

Coordinadoras:

María Marcela Esnaola

Biblioteca de Humanidades "Arturo Marasso"

Departamento de Humanidades,Universidad Nacional del Sur, Argentina

Lic. Norma Bisignano

Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia, Bahía Blanca, Argentina

09:00

Apertura

Palabras de bienvenida

09:30

Ponencia

Libros prohibidos en la Biblioteca del Instituto del Tercer Mundo Eva Perón

María Elena Bonora

Biblioteca de Humanidades “Arturo Marasso”, Universidad Nacional del Sur

10:00

Ponencia

El edificio de la Asociación Bernardino Rivadavia: “instrumento de la memoria”

Laura I. Villalobos

Universidad Nacional de San Juan

10:30

Ponencia

Aplicación de la Tecnología orientada a la preservación y socialización de la información

Antonio V. Mulone

Servicios de gestión de archivos, microfilmación, digitalización y distribución

de la información documental. Provincia de Santa Fe.

11:00

Ponencia

Preservar referentes políticos y culturales. El caso del patrimonio de la Asociación Bernardino Rivadavia

Biblioteca Popular

Norma Bisignano - Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia

Omar Chauvié - Universidad Nacional del Sur

12:00

Receso

14:00

Ponencia

Palabras, sonidos e imágenes. De la memoria barrial al archivo histórico.

Mirta Kircher

Universidad Nacional del Comahue

14:30

Ponencia

Espacios olvidados - Espacios posibles

Dra. Ana Luisa Dozo, Prof. Pablo de Beistegui

Museo y Archivo Histórico Municipal de Bahía Blanca

15:00

Ponencia

La creación del Centro de Documentación y Registro del Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Información relevante para el usuario adecuado en el momento oportuno

Viviana Guadalupe Cuevas

Dirección Provincial de Patrimonio Cultural del Instituto Cultural de la

Provincia de Buenos Aires

15:30

Ponencia

Biblioteca Pública “General San Martín”. Cuna de la Grecia Cuyana

Facundo Mercadante, Lucía Bourguet, Cristina Amills y Adrián Mendez

Biblioteca Pública “General San Martín”

Secretaría de Cultura de la Provincia de Mendoza

16:00

Break

16:30

Ponencia

Memorias de papel. Las revistas bahienses de principios del siglo XX en la Biblioteca Rivadavia

María de las Nieves Agesta

CIC – UNS – IDAES

17:00

Ponencia

El archivo de actividades culturales de la Biblioteca Rivadavia como fuente documental de la historia reciente en Bahía Blanca.

Ana María Vidal, Universidad Nacional del Sur -CONICET

17:30

Ponencia

Primeras revistas ilustradas en la Argentina: fuentes para el estudio de la lengua

María Soledad Pessi, Universidad Nacional del Sur- CONICET

18:00

Ponencia

Jorge Luis Borges en sus bibliotecas

Lic. Virginia C. Martin, Universidad Nacional del Sur

18:30

Cierre del Simposio

Inscripción

www.solar-2008.com

Arancel

Asistentes nacionales $ 30,00

Expositores nacionales $ 50,00

Acreditación

Para participantes en todas las actividades del Congreso XI Solar, con entrega de certificado de asistencia y/o certificación de expositor: martes 18 de noviembre a las 8:00 en Av. Alem 1253, Universidad Nacional del Sur.

Para asistir sólo al Simposio en calidad de oyente, no es necesario acreditarse al Congreso.

Más información en www.solar-2008.com

viernes, octubre 03, 2008

USA prohíbe la visita de Fernando Báez

Gobierno de Estados Unidos prohíbe visita de Fernando Báez para presentación de su libro:


Caracas, 24 Sep. ABN.- El director general de la Biblioteca Nacional, Fernando Báez, denunció la negativa oficial del gobierno de los Estados Unidos de permitir su visita a ese país, con la finalidad de presentar su obra La Historia Universal de la Destrucción de los Libros, cuya primera edición en inglés fue publicada hace dos semanas en Nueva York por la editora Atlas&Co.

Báez señaló al Departamento de Estado de los Estados Unidos por su doble discurso, al condenar a otros países por supuestas violaciones a los derechos humanos, mientras que al mismo tiempo censura la obra de ciertos escritores no proclives a sus intereses a la administración de George W. Bush.

En este sentido señaló que fuentes de la editora Atlas&Co., le informaron de algunas intimidaciones que ha sido objeto la compañía por parte de autoridades estadounidenses, que por la vía de los impuestos u otros mecanismos amenazan con sancionarla por divulgar la obra.

Igualmente indicó que estas presiones también se han trasladado a algunas cadenas de librerías para impedir la circulación de la misma en el mercado norteamericano.

Resaltó la solidaridad recibida por parte de bibliotecarios estadounidenses, que a través del correo electrónico le han manifestado su respaldo y disposición de buscar alternativas que permitan sortear las trabas impulsadas por el ejecutivo federal estadounidense.

El escritor además manifestó su disposición de acudir a las instancias internacionales de derechos humanos con la finalidad de denunciar la irregular situación.

La Historia Universal de la Destrucción de los Libros ha sido traducida a 13 idiomas desde su publicación original en 2004. Ha sido objeto de elogios por personalidades de la talla de Alberto Manguel, Noam Chomsky y Umberto Eco, entre otras figuras. Por su actualidad resulta de particular interés su apartado dedicado al bibliocausto ocurrido en Irak, a raíz de la invasión ordenada por el presidente Bush.

La obra publicada por Atlas&Co. es una edición ampliada con un tiraje de 100 mil ejemplares, modesto para las dimensiones del mercado norteamericano. Contiene al final un mensaje de Báez para los lectores estadounidenses, a quienes exhorta a superar la dicotomía entre los 'buenos' y 'malos' a la hora de abordar el estudio de las relaciones internacionales.

La versión en inglés fue realizada por Alfred Mac Adam, catedrático estadounidense de literatura latinoamericana y renombrado traductor de las obras de Alejo Carpentier, Reinaldo Arenas, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y José Donoso, entre otras grandes figuras. Mac Adam es conocido por sólo trabajar con obras de su predilección.


En:

http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=150592&lee=5



miércoles, octubre 01, 2008

Las doce a Bragado (Haroldo Conti)

Un regalo que llega de parte de Blogger elcuervo:




(A mi tío Agustín, por si algún día para de andar y alcanza a leerlo).

Bien, ahora mismo, desde este invierno que empapa el pavimento y las paredes y las ropas y el alma, si tenemos, lo que sea, esa finita tristeza que se enrosca por dentro como una madreselva y en días así, justo, asoma sus floridas puntas por las orejas y la nariz y los ojos, en días así, digo, cierro los ojos y veo ese largo camino polvoriento del verano que se extiende hasta el horizonte como un río seco bajo el sol. Es el camino de tierra entre Chacabuco y Bragado, ese mismo semejante a una áspera corteza de árbol viejo con tantos y tantos surcos, el almacén de don Luis Stéfano en una esquina de acacias hasta el año 33 y después para siempre en la memoria, y la de Iglesias a la derecha, más adelante, ya por el camino de Sastre, después esa loma que trepa brevemente hacia el cielo y después el puente sobre el río Salado, que es el mismo límite entre los dos partidos, según dicen los carteles de chapa en una y otra punta, y uno imagina que hay en el aire una línea invisible y que el aire es sutilmente distinto a cada lado de esa línea. Y ahora, es lo que veo desde este húmedo y triste invierno, el tío Agustín aparece saliendo de la curva, un poco antes del almacén de Iglesias, a la altura del mojón de hierro fundido que casi tapan los pastos, del lado de Chacabuco todavía. Viene corriendo con sus largas piernas huesudas perseguido por una nubecita de polvo y un perro escuálido que ladra a sus zapatillas de badana. La gente del almacén lo aplaude hasta que trepa a la loma y se pierde tras ella, plaf, plaf, el tío Agustín, y el viejo Iglesias le grita a sus espaldas: "¡Dale, flaco!". Porque el tío es puro hueso, y una llama bien encendida que alumbra por debajo de su piel. Los ladridos del perro se sofocan detrás de la loma y el tío debe estar cruzando el puente. Hace seis horas que largó punteando desde la plaza San Martín, en Chacabuco, frente a la iglesia de San Isidro Labrador. Hoy es justamente la festividad de San Isidro, 15 de mayo, y se corre la Vuelta del Salado o La Fondo de las 12, es decir, La Carrera de Fondo de las 12 leguas a Bragado. El tío estuvo haciendo trote en la largada una hora antes de la partida. Tenía puesta una camiseta de frisa con el número 14 pintado en la espalda y unos pantaloncitos negros y las zapatillas de badana y cuando el viejo Pelice disparó la bomba de estruendo el tío pegó un tremendo salto y un grito y salió a los trancos, plaf, plaf, plaf, perseguido en la mañana neblinosa por una hilera de hombres semidesnudos, entre ellos el loco Garbarino que no pasaba del cementerio y se cansaba tanto de agitar los brazos y saludar hasta a los perros, dio una vuelta a la plaza y cuando comenzaba a encendérsele aquella blanca llama enfiló por la Avenida Alsina, pasó punteando frente al bar japonés y rumbeó serenamente hacia las quintas. El tío corre con la huesuda cabeza echada hacia atrás como un pájaro y a medida que entra en combustión sus trancos son más largos y más altos.La gente resbala como una mancha oscura por el costado de sus ojos y, después del hospital municipal, se corta, se disuelve y cuando no hay más gente y sólo queda por delante el camino pelado, el campo húmedo y la mañana olorosa, la llama le brota por los ojos y corre todavía más fuerte, más liviano. Los pasos de badana resuenan suavemente cuando golpean sobre las tablas del puente y cuando el tío se embala por la pendiente de la loma, al otro lado, ya en el partido de Bragado, la llama le brota a chorros a través de la piel, los ojos se le borran con tanto brillo y corre, corre locamente bebiendo el aire perfumado de la mañana, los campos verdes inundados de esa blanda luz de mayo, loco caballo desbocado, loco. En tres horas más, a ese paso, puede estar en Bragado, por lo menos en la laguna, pero un poco antes de Warnes, cuando ya asoman los palos del alumbrado entre los altos y oscuros árboles de la entrada, esto es antes de las vías del ferrocarril Sarmiento, tuerce el tío hacia la izquierda y se lanza sin cambiar la marcha por el estrecho camino que bordea el monte de eucaliptos del campo de Cirigliano cuyos negros árboles saltan desde hace un rato en el hueco encendido de sus ojos. El tío es ahora el tibio camino de tierra cruzado por frescas sombras que atraviesan sus largas piernas. Corre y corre saltando las sombras húmedas, blandos terrones de tierra, solo y alado, sobre este recuerdo, sobre puntos y líneas, sobre el raído invierno de mi tristeza, sobre años y tiempos, siempre volante, eterno, perenne corredor de las 12 a Bragado, el bravo tío Agustín empujando su intensa llama por aquel solitario camino recruzado por espantados cuises y liebres y pájaros que arrancan veloces un poco antes de sus pasos. Salta un alambrado y sigue la carrera a campo traviesa, llama y llama, fuego y fuego. Sólo una vez llegó hasta el Bragado porque el tano Cersósimo, esto es, el Gringo del Pito como se lo conocía por aquellos años, lo siguió con un sulky y cuando se quería desviar le cerraba el paso y lo golpeaba con el látigo y llegó con dos leguas de ventaja sobre el Chino Motta, nada menos, pero cuando la gente lo aclamaba ya y el intendente se paró en el palco con un banderín en la mano no lo pudieron atajar porque saltó sobre la meta con un grito profundo y siguió de carrera hacia 25 de Mayo, muy campeón, el grandes piernas de acero de mi tío, el formidable tío Agustín. Eso fue en el 32, que batió todos los récords, aunque a él no le importaba eso sino tan sólo correr y correr. Pero las otras veces torció a derecha o izquierda antes del Bragado, aturdido por el campo, y algunos lo vieron y avisaron que el tío iba a los saltos entre las doradas espigas o las oscuras hebras de pasto o las chalas que brillaban como vidrios y azotaban sus duras piernas, espantando liebres y pájaros y cuises, y un día o dos después lo hallaron dormido debajo del álamo carolina, ese que se levanta solitario detrás del campo de Cirigliano y que desde el camino real aparece todo un monte y que para el tío era su única meta reconocida y hasta ella corrió por premio o por mero gusto, acompañado o solo, el día de San Isidro o un día cualquiera mientras le duró, por muchos años, aquel berretín de caballo desbocado.Yo era pibe entonces y veía al tío, joven, como desde una enorme distancia, a través de nieblas y velos, porque yo estaba por ser, no tenía sombra ni casi historia, era tan sólo presente, pequeño, mero estar y ver y sentir a la sombra de los grandes, mi abuelo, ciego por terquedad que un día prometió rezar un millón de padrenuestros porque dijo que se le había aparecido Jesús, carpintero como él, mi padre, que entonces correteaba para el frigorífico La Blanca montado en un fragoroso Ford A o la tía Juana, por siempre joven, que tenía un cuarto para ella sola y una cama muy alta que olía a jazmín y una escupidera de loza que parecía una sopera y un novio que venía todas las tardes a las cinco y se marchaba apenas caían las sombras en el patio de baldosas con la parra de uva chinche y la bomba pie de molino y por supuesto el tío, tío Agustín, ese ansioso caballo de verano. A veces cuando pateo la calle cierro los ojos, y aun sin cerrarlos lo veo pasar entre la gente, al trote con su pantaloncito negro y la camisa de frisa y el número 14 en la espalda, que siempre me falló en la quiniela, lo veo, por ejemplo, trotar a las zancadas por el medio de Corrientes o trasponer de un salto Alem, en dirección al puerto.Yo me suspendo y pienso, casi grito, ¡Ahí va mi tío, hijos de puta! ¡Miren qué lindo loco! Pasa como entonces con la terca y dura mirada clavada en el horizonte, con las narices anchas de viento, cavando el aire con sus largas, muy largas piernas. Después crecí, eché sombra como un árbol y hasta yo mismo participé en La Fondo de las 12 a Bragado, pero no pasé del cementerio. Cuando doblé por el hospital y vi a lo lejos los altos humos de los hornos de ladrillo, algo que, supongo, trastornaba al tío, el cual quería darle alcance a cuanto se ponía al fondo del camino, las sienes me empezaron a temblar y me dolían las encías como si fuese a echar un puñado de dientes. Al llegar al cementerio rodé con un grito entre polvo, sudores y piernas que pasaron zumbando al lado de mi cabeza.El tío, por ese entonces, trabajaba en la carpintería del abuelo, sobre el pasaje Intendente Beltrán, frente a la plaza Gral. Necochea o la Plaza del Mercado donde está hoy la estación de colectivos. Ahora cierro los ojos y me veo en la penumbra del taller con paredes de ladrillo a la vista y un espeso olor a polvo, sillas y elásticos que cuelgan de las vigas y al fondo la mesa de carpintero en la que trabajaba el tío. A veces no recuerdo al tío sino que mi pensamiento se sujeta de un objeto cualquiera y ese objeto cubre casi todo mi día. Hoy, por ejemplo, mientras cruzaba hasta el bar Falucho aguantando el viento que barría la Avenida Santa Fe, me acordé de buenas a primeras de aquella sierra de ingletes o de falsa escuadra que había en una punta de la mesa. El día crece lentamente alrededor de ese objeto, lo rodea como la pulpa de un fruto y el día en todo caso vale nada más que por eso. Aquella sierra que había sido construida en Inglaterra en 1895, que en consecuencia había atravesado el mar embalada cuidadosamente en un cajón de pinotea, me atraía misteriosamente. Era una sierra montada sobre un bastidor, con una empuñadura negra como la de una ametralladora y servía para cortar marcos, escuadras, ángulos, encastres y demás cortes de precisión. La veo ahora mismo en el aire, negra y pulida y, por fuerza, al rato veo en la punta de la empuñadura al tío Agustín. Él se movía silenciosamente de un lado a otro del taller aporreando maderas, reparando vencidos elásticos de cama o reemplazándolos por otros nuevos que estiraba para encajarlos en el armazón en una prensa, especie de potro que giraba con bruscos chirridos metálicos. El tío era de una silenciosa precisión en todo. Yo me maravillaba de que hombre tan silencioso y preciso en sus movimientos produjese a ratos tanto ruido de una vez. Por ejemplo cuando se calzaba un pañuelo negro delante de su aguda nariz y echaba a andar aquella cardadora mecánica que era el supremo orgullo de la mueblería y carpintería El Mercurio. El tío metía la lana apelmazada por un lado y ya mismo salía por el otro en blandos copos que caían lentamente dentro de un corralito de alambre de gallinero. La máquina rechinaba en la punta de las manos del tío. Por aquel tiempo había dejado de correr hasta el álamo carolina, pero después del trabajo emprendía largas caminatas hasta el zanjón o el cementerio o el Prado Español o la quinta de Pastore, o la estación del Pacífico, donde esperaba ver pasar al "Cuyano" que hendía la noche como un carbón encendido aventando sombreros y papeles. Los años lo habían enflaquecido aún más y un día que lo sorprendí inclinado sobre la fabulosa sierra de ingletes le vi brillar las blancas sienes y el emplumado mechón de pelos encanecidos que le caía sobre la frente. Y esa vez sentí verdadero amor por el tío, aquel ansioso caballo del verano que ahora descendía a la carrera la larga cuesta de sus días.Yo, en cambio, trepaba los míos. Esos días me llevaron lejos del pueblo y cuando volví, algún verano después, y entré en el taller penumbroso, el tío levantó la cara por encima de la sierra y me observó con una mansa sonrisa por arriba del armazón de metal de unos lentes. La luz de la tarde penetraba por una claraboya y el tío flotaba, blando y casi transparente, en aquella luz polvorienta. Me preguntó qué tal estaba la ruta 7. Por lo que recuerdo, fue la primera vez que habló conmigo demostrando cierto interés sobre algo concreto. Señal que yo había crecido realmente y ahora era un hombre, al menos para él, que la medida de mi tiempo. Siempre preguntaba sobre caminos. La ruta 7 terminaba de ser reparada entre San Andrés de Giles y Carmen de Areco. Eso lo alegró al tío. Ese mismo año había ido a pie hasta Luján portando el estandarte de la Congregación de San Luis Gonzaga. Me explicó que era cuestión de echarse a andar y no cambiar el paso, vendarse los pies y calzar botines bien armados. Volvió con el Expreso Rojas y recién entonces notó que la ruta estaba levantada en algunos tramos. Fue toda una conversación. Por él me enteré de que el camino entre Chacabuco y Bragado seguía siendo de tierra, pero que ahora le habían puesto la electrificación rural y era probable que en un par de años le echaran encima cemento. Ya no va a ser lo mismo, dijo el tío con tristeza.Seguía haciendo sus largas caminatas, pero ahora se extraviaba cada dos por tres. Una vez lo trajo un vigilante que lo encontró perdido por el Agua Corriente, y otra el viejo Punta que lo cruzó en el camino a Salto, por el almacén de Cattaneo, y él le preguntó dónde quedaba el Tiro Federal y el viejo entendió el Estadio Municipal y como de todas maneras ambos quedaban para el otro lado, lo subió a la jardinera y lo trajo hasta la mueblería.Un día el tío, esto lo supe dos veranos después, ya hombre entero y él más viejo y más flaco, y el camino a Bragado todavía sin asfaltar, fue hasta la farmacia de Marino, al otro lado de la plaza, pero cuando llegó a la Avenida Alsina, que fue asfaltada en el 32, bajo la intendencia de don Esteban Cernuda, la encontró de tierra, como cuando era chico y después mozo y corría ya en la Vuelta del Salado. Los charrés y los sulkys iban y venían por la avenida de tierra y algunos jinetes trotaban entre espumosas nubes de tierra. El tío, flaco y encorvado, vio con algo de sorpresa cómo avanzaba por el medio de la calle un landó descapotado como los de la cochería Grossi Hermanos con la señorita Lombardi en su interior. El coche se detuvo justo enfrente del tío y la señorita Lombardi asomó su cabeza cubierta con una capelina de raso y apuntándole con su sombrilla de seda estampada le preguntó por la abuela Adela que había muerto, si mal no recordaba, seis años atrás. Él se quitó el sombrero, sonrió complacido a la tan señorita y se inclinó hasta que la sombra del carruaje desapareció de su vista. Naturalmente, no cruzó la avenida ni fue hasta la farmacia de Marino porque en aquel tiempo la farmacia no existía todavía. Volvió al taller y el resto del día, hasta que vino la luz de la tarde, se sentó en un rincón, detrás de la mesa de carpintero, entre cajas de herramientas y rollos de elásticos y tablones de pino que olían a resina y pensó en la muy dulce señorita Lombardi que para él, el tiempo le daba la razón, no iba a envejecer nunca. Quizá dentro de unos pocos días, pensó, si se entrenaba un poco, podía volver a correr en La Fondo de las 12 a Bragado.Ya no quedaban campeones y en el tiempo que tardaba ahora cualquier buen fondista de la zona él podía llegar a Bragado saltando sobre un pie. Cuando entró aquel melancólico rayo de luz por la alta claraboya, el tío echó a andar hasta el Prado Español.Días después, al cruzar la plaza, le dio un salto el corazón. Debajo de la pérgola que había sido echada abajo en tiempos de Fresco vio y hasta escuchó a la banda del maestro Marsiletti. La banda tocaba aquel número de fuerza que le hacía temblar las piernas al tío, Tremi gli insani del mio furore, Nabucco, Acto I, y que el maestro Marsiletti tarareaba y por momentos aullaba tratando de imitar a Titta Ruffo. No sólo estaba aquella pérgola, que semejaba una jaula florida, sino que hacia el lado del Palacio Municipal vio brillar entre los oscuros árboles al lago artificial que mandó rellenar el intendente Barcán y en el que el loco Garbarino se zambulló un 25 de mayo. La banda, con el maestro Marsiletti que blandía la batuta y un Avanti que sacudía en la boca al compás de la música, parecía flotar en el aire de la pérgola debajo de una luz amarilla como la que penetraba en la claraboya del taller. Después de Nabucco, tocaron Alegría de la hoguera, una polca-mazurca de Strauss con la cual el maestro Marsiletti parecía remontar un vuelo y la plaza comenzó a poblarse de muchachas y muchachos que en dos hileras giraban por el centro, alrededor de la estatua de San Martín, que de golpe había reemplazado a la pérgola y que en aquel tiempo era pedestre, no ecuestre, según se acostumbra, por razones de economía, pues la partida que votó el Concejo Deliberante no alcanzó para el caballo, lo cual terminó por convertirse en una curiosidad y hasta en una atracción hasta que en tiempo del gobernador Aloé, que era de Chacabuco, le pusieron el caballo y es así como cabalga ahora en el alto cielo de mi pueblo entre las espléndidas copas de los árboles, en dirección a la confitería San Martín, hacia la que apunta un dedo.En eso el tío vio pasar al Cholo Barrios que, según tenía entendido, porque estuvo en el velatorio, se voló la cabeza mientras probaba una escopeta de un caño, calibre 20, vio al Cholo con sus bigotazos renegridos, rancho, polainas blancas y un bastoncito con el pomo de plata que lo saludó con el brazo en alto, muy en su contexto, lustroso caballero el Cholo, gran amigo de violentas farras y fuerte apostador en las cuadreras y reñideros, propietario de un gallo "Ají Seco", apodado Racoto, de origen peruano, que batió a todos los gallos de combate del 36 al 45.Otra vez el tío iba para el Círculo Obrero donde estaba cambiando el esterillado de las sillas y no pudo seguir de la Avenida Alsina, pues se tropezó con la procesión de Nuestra Señora del Carmen, con el padre Doglia debajo del palio y los tanos Minervino y Visiconti tocando la gaita a la cabeza, todos muy de solemnis sobre la calle de tierra mientras las campanas de la iglesia batían a fiesta bien pulsadas por el viejo Santiago, gordas palomas de bronce por el aire limpio de la mañana.El último verano que estuve en el pueblo, este que pasó, fui hasta la vieja casa del abuelo y, como siempre, después de los saludos y los mates penetré en el empolvado taller del fondo. Tardé un rato en acostumbrarme a la penumbra, cegado como entré por el sol del patio, y en aquella momentánea ceguera sentí el tibio olor a maderas y a cola de carpintero y oí el escamoso crujir de las chapas del techo recalentadas por el sol. Cuando mis ojos se fueron acostumbrando a aquel velado y quieto paisaje de objetos sepultados por el polvo descubrí cada cosa en su exacto lugar, como si el tiempo no se hubiese movido y yo tornara de golpe a mi infancia. Allí estaba la tremenda cardadora a motor, la carcomida mesa de carpintero y sobre ella, en un extremo, mi querida sierra de ingletes que apuntaba hacia la puerta. En la prensa había un elástico a medio tender. Aquella suave pero insistente permanencia de las cosas, luego de tantos años y tantos cambios y tanto y tanto, recuperó por un momento ese firme presente de mi infancia, sin sombras ni pesos, errante edad de mi pueblo. De repente sentí un leve raspón junto al tablero de las herramientas y achicando los ojos vi emerger por detrás de la mesa la blanca cabeza del tío que estaba sentado en un banquito. Parecía un viejo pájaro, uno de esos viejos cóndores que con las raídas alas abiertas toman el sol en la jaula del Zoológico. El tío se caló los anteojos que extrajo lentamente de su estuche a presión y me observó en silencio con sus ojos lagañosos, como de vidrio mellado. "¿De quién sos?", preguntó al cabo de un rato con una voz finita. Quería decir de quién era hijo yo, que es lo que se pregunta o como se pregunta a un muchacho cualquiera de los pueblos. Yo dije "El hijo de Pedro Isidro". Él cabeceó y repitió para sí, sin reconocerme, posiblemente sin reconocer siquiera aquel nombre: "Pedro Isidro...". Pedro Isidro es mi padre, su hermano. Se levantó y caminó hasta mí, encorvado. Me echó una afilada mano encima del hombro y preguntó esta vez: "¿De dónde venís, muchacho...?". No preguntó qué tal estaba la ruta 7, ni tampoco supe si por fin habían asfaltado el fabuloso camino a Bragado.Luego supe por la tía Teresa que en esos días se había encontrado en la esquina de la tienda Ciudad de Messina con Pepe Provenzano, que pateaba como siempre la calle vendiendo billetes de lotería y con Pancho Tonelli, ambos bien finados, lo mismo que la tienda, que cerró allá por el 58. Después, cuando trató de volver a la casa no dio con la calle y aunque pasó por enfrente de la puerta, al recorrer el pueblo por tercera vez, no acertó a reconocerla. Por suerte se tropezó en la esquina del Almacén Inglés con el gordo De Nigris, otro muertito, que lo condujo, siempre tan gentil caballero, hasta aquella salteada puerta y se lo devolvió a la tía cuando ya oscurecía.Para Reyes vino la hija de Buenos Aires y el tío se calzó los anteojos y le preguntó de quién era. A partir de ahí empezó a equivocar las puertas y los cuartos y a veces charlaba en los rincones del patio con personajes invisibles. No mucho después, como lo pronosticó la madre Benedicta, ni siquiera reconoció a la tía a la que confundió una vez con Martita Romero, su primer filo, y otra con Filomena Perrone, que fue reina del carnaval del Club Porteño, en el año 38.Acabo de volver del pueblo y por eso pienso tan fuerte en el tío en esta podrida noche de invierno mientras bebo un semillón en el bar Falucho, en Fitz Roy y Luis María Campos. Cuando fui a ver al tío lo encontré acostado en el medio de esa buena cama inglesa con cabezales de bronce y remaches de cobre y elástico de flejes que perteneció a la familia Mediavilla y compró en un remate de Warnes. Tenía puesto un camisón de frisa y un gorrito de lana y de tan flaquito y huesudo se perdía sobre la pila de almohadas. Hace meses que no sale de ahí. Fuera de los límites de esa cama no reconoce nada en el mundo. A eso se ha reducido el suyo, a aquella buena cama inglesa de bronce bien lustrado. Sin embargo, no la pasa tan mal. Siempre tiene algún muertito con el que charlar y por detrás de la barras de bronce ve cosas de hermosa extravagancia, como el corso del año 23 o el Circo Sarrasani, e incluso el día en que el loco Garbarino ganó de tarro La Fondo de las 12 a Bragado.
Haroldo Conti

miércoles, septiembre 17, 2008

CELEBRACIÓN DE LA CULTURA, LAS LECTURAS, LAS BIBLIOTECAS (BAHÍA BLANCA)

Programa de Actividades en Bahía Blanca. Día del Bibliotecario, día de la Bibliotecas Populares
Actos alusivos al día del bibliotecario - 13 de Septiembre
Al día de las bibliotecas populares - 23 de Septiembre

Día 23 de Septiembre 2008

10:00 horas - Salón Blanco de la Municipalidad - Alsina 65
Proyección audiovisual sobre la Biblioteca Nacional
Conferencia a cargo del Dr. Horacio González -
Tema: La Biblioteca Nacional y la Cultura Nacional
19:00 horas - Aula Magna de la Universidad Nacional del Sur - Avda. Colón 80
Debate Dr. Horacio González - Dr. Luis Chittaroni
Lecturas - Cultura - Bibliotecas - Tecnología
Moderación a cargo de Luis Sagasti, docente de la UNS.
21:15 horas - Teatro Municipal - Alsina 425
Programa a cargo de Liliana Herrero
Liliana Herrero
Breve discografía seleccionada
Igual a mi corazón - S-MUSIC Distribuye SONY-BMG / LQF music (2008)
Litoral - EPSA music / LQF music (2005)
Falú - Dávalos Liliana Herrero y Juan Falú - EPSA music / LQF music (2004)
Confesión del viento - EPSA music / LQF music (2003)

Horacio González
Docente y ensayista, nació en Buenos Aires en 1944. Es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (1970) y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de San Pablo, Brasil (1992). Desde 1968 ejerce la docencia universitaria en diversas instituciones del país y del exterior. Realizó cursos de postgrado y especialización. Tiene publicados libros, ensayos e investigaciones, entre otros, Retórica y Locura, para una teoría de la cultura argentina (2002); La crisálida, dialéctica y metamorfosis (2001); Restos Pampeanos (1999). Actualmente, y desde 2005, Director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina

Luis Chitarroni
Luis Chitarroni ha escrito las novelas El Carapálida y Peripecias del no. Publicó Siluetas, una colección de biografías breves de escritores reales e imaginarios. Es editor de Sudamericana y colabora en diarios y revistas culturales.

viernes, septiembre 12, 2008

FELIZ DIA, BIBLIOTECARIOS ARGENTINOS!!


13 de septiembre
DÍA DEL BIBLIOTECARIO
EN ARGENTINA


"... Pero no selecciones, no adquieras, no inventaríes, no clasifiques, no catalogues, no indices, no escanees, no imprimas, no fotocopies, no proceses, no etiquetes, no controles, no busques, no recuperes, no estudies, no leas, no atiendas, no ordenes, no guardes, no modifiques, no expurgues, no canjees, no expliques, no guíes, no ayudes, no indiques, no investigues, no tengas paciencia... NO TRABAJES el 13/09!!!! Y lo bueno, es que no hay que trabajar porque es sábado!!!! Ja, ja, sniffffff. (y para los que les toca trabajar el sábado, disfruten y que sus usuarios los agasajen como corresponde).
FELIZ DÍA A TODOS LOS BIBLIOTECARIOS!!!!!

domingo, agosto 24, 2008

I ENCUENTRO NACIONAL DE CATALOGADORES

La Biblioteca Nacional de la República Argentina anuncia la realización del I Encuentro nacional de catalogadores: Experiencias en la organización y tratamiento de la información en las bibliotecas argentinas. El Encuentro ofrece un espacio de intercambio para que los bibliotecarios del área expongan y compartan las experiencias que llevan adelante a partir de sus propias realidades. Esta consigna procura esbozar un panorama de la situación de los procesos técnicos en el país.
Los objetivos del encuentro son:
-Compartir e intercambiar experiencias sobre las prácticas en la organización y tratamiento de la información en los distintos tipos de bibliotecas de la Argentina.
-Reflexionar sobre los principios teóricos que se aplican en el área en las bibliotecas argentinas.
-Identificar las tendencias en cuanto a la organización y tratamiento de la información en los distintos tipos de bibliotecas de la Argentina.
Temáticas del encuentro
Las temáticas de las presentaciones deberán versar sobre experiencias concretas, implementaciones, problemáticas, soluciones, diagnósticos, entre otros aspectos de la organización y tratamiento de la información en las bibliotecas argentinas, referidas a:
Formato MARC 21; metadatos y catalogación; catalogación de: monografías, publicaciones seriadas, recursos electrónicos, materiales gráficos, videograbaciones, grabaciones sonoras, música impresa, material cartográfico, microformas, objetos tridimensionales y realia, manuscritos y libros antiguos; control de autoridades de nombres y de materias; indización; análisis temático; y cooperación entre unidades de información
El encuentro tendrá lugar en la Biblioteca Nacional, los días 26, 27 y 28 de noviembre.
La inscripción será gratuita y se realizará entre el 15 de septiembre y el 3 de octubre 2008.
Cupo limitado: 120 personas

Para realizar consultas acerca del encuentro, puede escribir a
subdireccion@ bibnal.edu. ar o comunicarse de lunes a viernes de 12 a 19, al (011) 4808-6080 o (011) 4808-6088.

Más información, en www.bn.gov.ar

jueves, agosto 21, 2008

Aventuras de vizcachas / Desventuras de avestruces

29 de agosto a las 18:30: tenemos el agrado de invitar a todas las Bibliotecas Populares a la presentación del cuadernillo: “Narrar, leer, escribir y dibujar: Taller de Relatos: Aventuras de Vizcachas/Desventuras de avestruces”; material producido en talleres de relatos e historia realizados en el SEIMM N 3 y Escuela 41 del Paraje Alférez San Martín por Graciela Hernández y Lucia Calla. Estos talleres se realizaron en el marco de uno de los proyectos del programa "Un Puente entre la Universidad y la Sociedad" auspiciado por el Ministerio de Educación de la Nación y la Universidad Nacional del Sur. Se hará entrega de un ejemplar a cada Biblioteca Popular. El acto estará amenizado por el Grupo “Esa Fulanita”.
Lic. Norma E. Bisignano

La presentación será en:

Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia

Av. Colón 31 (8000) Bahía Blanca

Tel/Fax 0291- 4554055/4559677